¿Por qué invertir tiempo en nuestra vida interior? ¿Qué voz escuchamos cuando nos sumergimos en ese universo propio? Para algunos, los mitos son una especie de psicología de la antigüedad, pues hablan alegóricamente de lo que habita en nuestras mentes y ofrecen valiosos consejos de vida. El siguiente relato nos llevará a entender qué es lo que buscamos al flotar y hasta dónde puede llevarnos:
Venus, celosa de Psiqué, una hermosa humana que roba la atención de sus devotos, envía a su hijo Eros-Cupido para que la haga enamorarse de un monstruo. Pero Eros, cautivado, la esconde en su palacio y la visita cada noche en la oscuridad. Son felices, con una sola condición: Psiqué nunca debe ver el rostro de Eros.
Sus hermanas, envidiosas, la convencen de que su amado es una bestia. Esa noche, Psiqué, curiosa, levanta una lámpara y descubre al ser más hermoso. En su asombro, deja caer una gota de aceite sobre Eros, quien despierta herido y huye.
Desolada, Psiqué vaga en su búsqueda y supera pruebas imposibles en el templo de Venus con ayuda de la naturaleza: clasifica semillas, roba lana de oro, recoge agua del río de la muerte y desciende al inframundo. Finalmente, Eros la encuentra y la revive con una de sus flechas.
Psiqué completa sus tareas, recibe el néctar de la inmortalidad y se une en matrimonio con Eros en el Olimpo, ante la mirada de todos los dioses.
Psiqué es nuestra alma o voz interior, siempre curiosa, que en la travesía de la vida anhela reunirse con lo que le resulta significativo, Eros, que puede tomar muchas formas: una relación, una vocación, actos de cuidado y mucho más. Es nuestro anhelo de recuperar aquella alegría que destella en momentos de gozo, la que nos mueve a seguir un camino lleno de retos transformadores, las pruebas de Venus.
Puede que hayamos recurrido a la flotación buscando, como psiqué tras la huída de Eros, reencontrar el sentido. Un duelo, un rompimiento, una crisis vocacional o sencillamente el cuerpo y sus cambios, son detonantes que nos llevan a buscar el abrazo del agua. El tanque nos provee alivio para todos esos dolores, pero nos propone ir más allá, hacia el trabajo interior que nos permite reencontrarnos con lo amado, en formas inesperadas y más expansivas.
Por otro lado puede que la flotación nos haya llamado la atención por nuestra curiosidad, aquella luz sin la cuál psiqué no habría iniciado su aventura. Espacios poderosos de reflexión, como el tanque de flotación, nos permiten iluminar con la lámpara de la curiosidad el rostro de aquello que anhelamos. En pocas palabras, nos hacemos conscientes del “llamado del alma” del que los poetas hablan, la dirección en la que nuestro interior nos llama a completarnos.
Retomar un Hobbie olvidado, volver a hablar con ese amigo, estar más presente para los seres queridos, ser más amable con el cuerpo, dejar ser al artista interior, son todos ejemplos de llamados cotidianos que nuestra alma puede hacernos al flotar. Si somos afortunados, seguiremos el camino hacia ese llamado, sorteando sus retos, hasta el cumplimiento de esa visión; conectaremos con la persona, el sentimiento o nueva dirección que descubrimos al flotar y daremos un paso hacia una vida más auténtica.
Llevar una vida reflexiva, iluminada por la luz clara de nuestra introspección, es un privilegio. Aprovechándolo y honrándolo, reclamamos la magia en nuestra cotidianidad: cada momento, cada relación, cada detalle puede convertirse en un matrimonio, en una alianza con lo amado. Cada vez que una imagen florecida en flotación reencanta nuestra relación con lo que nos rodea, Psiqué y Eros celebran sus nupcias en el Olimpo.
Centro de flotación y desempeño humano